Zagreb, paradojas en tiempo de guerra

En 1993, el viajero hizo con dos compañeros un viaje a Eslovenia. Hacía apenas 3 años que este país existía desgajado de la antigua Yugoslavia. El país estaba tranquilo. Nuestro anfitrión esloveno nos afirmó que no había ningún inconveniente en llegarse hasta Zagreb con un coche alquilado. En aquel momento, Croacia se encontraba dividida entre serbios y croatas, y había un frente de batalla a 70 kilómetros de Zagreb. No era posible, por ejemplo, ir por carretera entre Dalmacia y la capital, salvo saliendo del país por Eslovenia. A pesar de todas estas circunstancias, alquilamos un Citroën AX, y nos dirigimos a Zagreb. Había que ver que ambiente había.

Allí nos encontramos que extranjeros y otros viajeros había muchos. Turistas,... debíamos estar tres. La ciudad tiene su interés, pero la situación es caótica. La inflación galopante. Los precios pueden aumentar de la noche a la mañana. Hay cacheos continuos para tomar unas cervezas en un bar o para comer una pizza en un restaurante. Muchos alemanes o austriacos. También, las capillas en la calle llenas de peticiones, exvotos, y mujeres rezando,... todo el mundo tiene alguien en el frente.

La sensación es extraña; a caballo entre la normalidad y la demencia.