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| De regreso de una estancia por Eslovenia en el año 1993, el viajero para dos días en Venecia. Corto tiempo para tan especial ciudad. Es septiembre, principios; los ardores del verano han ido desapareciendo, y al borde del Adríatico el fresco marino y la radiante luz invitan a tomar abundantes fotografías. |
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| Es puro azar, que al llegar el viajero y sus compañeros de ruta, se celebra la "Regata Histórica". No estaba planificado. Decenas de góndolas y otras embarcaciones propias de los canales y la laguna veneciana, con "marineros" vestidos de época, con coloridos trajes, surcan unas aguas que reflejan el intenso azul del cielo. Las góndolas serán acompañantes de los paseos por la ciudad, y aunque obviamente convertidas en un mero reclamo turístico, incluso los viejos talleres de reparación de las mismas mantienen un cierto sabor, a la caída de la tarde, cuando los turistas se concentran en las cafeterías y restaurantes, y las calles y canales empiezan a recobrar cierta calma. |
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| Por lo demás, más allá de visitar los numerosos museos y otras manifestaciones artísticas, la preferencia del viajero en sus 48 apresuradas horas es la de pasear, e intentar recoger con su modesta Pentax P30N parte de la inmensa luz que inunda cada rincón y embellece un ciudad bella,... aunque no lo suficientemente bien cuidada. |