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En la última década, tras la caída del comunismo en Europa central y oriental, Praga se ha convertido en el destino turístico de la zona por excelencia. Relativamente respetada por los avatares históricos en su fisonomía, la capital bohemia, ha conservado un aspecto de ciudad de cuentos de hadas. Sin embargo, el viajero no se encuentra del todo a gusto. |
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Las masas de turistas en lugares como el puente de Carlos IV, o en Zlata Ulicka, haciendo kafkiana la visita al hogar del viejo pesimista Kafka, o subiendo y bajando por Nerudova, no agradan del todo al paseante. Menos mal que nos quedan tranvías, disfrutando de su estruendo en la tradicional Malostranske Namesti. |
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El centro de este bullicio es sin duda Staromestske Namesti, reputada como una de las plazas más bellas de Europa, y con el monumento al "hereje" Jan Hus como punto de reunión de decenas de adolescentes y jóvenes procedentes de todo el mundo, mientras los turistas de más edad y con mayor poder económico toman sus cervezas en las terrazas de la plaza mientra son acosados por un sinnúmero de "mozarts" que proponen numerosos espectáculos teatrales, operísticos o musicales. |
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| A veces al viajero le gustaría defenestrar (deporte muy prácticado en la antigüedad en la ciudad checa) a quienes han convertido esta hermosa ciudad en este hormiguero impersonal. Pero siempre queda el recurso de retirarse a pasear por las orillas del Ultava, por alguno de los parques o por el curioso y recogido cementerio judío. |
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