![]() |
||
| Sin lugar a dudas, la capital europea más visitada, y sobre la que recaen más tópicos. Muchos de ellos más míticos que reales. Y a pesar de ello, el entusiasmo acompaña siempre al turista, que en pleno mes de julio y agosto, recorre incansable las superpobladas calles de la capital francesa. Es difícil conocer así la verdadera esencia de la ciudad. Para ello, es preciso dejarse llevar, y callejear por los innumerables rincones que se ofrecen al viajero más reposado. |
||
![]() |
||
| Sin embargo, es fácil que los más famosos paisajes urbanos de París puedan llegar a ser especiales para el viajero que, afortunado de poder viajar fuera de los meses estivales, es capaz de visualizar un paisaje más auténtico. La luz de los días soleados de finales de verano y de principios del otoño nos descubre una ciudad fresca y con una personalidad fabricada por y para los ciudadanos franceses, orgullosos de su historia y de su capacidad creativa. Ese es el momento en el que el viajero fotógrafo empieza a sentir la necesidad de inmortalizar con su cámara los momentos únicos pintados por el sol del atardecer o de la mañana con la historia de la ciudad. |
||
![]() |
||
| Incluso los rincones más "estropeados" por la actividad turística presentan al viajero fotógrafo momentos de gran belleza plástica, o son capaces de proponer instantes que piden ser evocados en un futuro con la contemplación de las imágenes. Subir a Montmartre por donde no sube nadie, acercarse a ver la vista tras aquellos árboles a los que nadie se acerca, aprovechar la variación de la luz por la presencia de ejercitos de pequeñas nubes que anuncian lluvias para el día siguiente, aprovechar el fin de la jornada del "bouquiniste" a la luz del atardecer,... |
||
![]() |
|
![]() |
| Finalmente, al viajero le gusta pasear bajo los nuevos paisajes de París. Cambiar los viejos "arrondisements" del viejo París, por los edificios de cristal y hormigón le produce una sensación de continuidad en esa capacidad de innovar o de osar con las nuevas ideas que le parece uno de los atractivos de la civilización francesa, y que tanto ha sido copiado en el resto del mundo. Quizá no se pueda hablar ya de la "grandeur" de otros tiempos, cuando nuevas potencias condicionan los gustos y los devenires sociales y políticos de la vieja Europa. Pero París sigue manteniéndose como un exponente de la capacidad de los franceses para seguir siendo distinguibles entre la homogeneidad cultural de Occidente. |
||