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| Con frecuencia, el viajero se enfrenta a sus destinos desde el tópico. Londres para muchos españoles, antes de conocerla, es la mítica capital de la Pérfida Albión, eterno enemigo que se dedicó durante siglos a hacernos la cusca con sus piratas (perdón, lores almirantes), sus ejércitos, y su mal tiempo (pobre Felipe II y sus sueños de invencibilidad). Para muchos españoles, después de conocerla es... como el Corte Inglés; pero a lo bestia. Ese lugar donde uno va a comprar, y eventualmente a hacerse una foto con el soldadito de plomo de turno. La sorpresa se la lleva el viajero cuando en su visita, en un frío mes de diciembre, lejos de toda temporada turística, se encuentra con una ciudad bulliciosa y animada, mucho más acogedora de lo que jamás hubiera llegado a pensar. |
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| Si algo atrae al viajero en sus paseos por Londres, son sus variopintos mercadillos, donde conviven amistosamente el "bobby", el ejército de salvación, el turista, la "maruja" británica, o el joven español que viviendo con cuatro cuartos busca sus oportunidades en los chiringuitos de vaqueros usados. No faltan recordatorios para la Península de clima más benigno que hemos dejado atrás... ni tampoco a tierras exóticas, más allá de las fronteras de la órbita terrestre, y de cuyos habitantes, vista la "fauna" que nos rodea, no dudamos que existen unos cuantros representantes entre nosostros. |
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| No menos atractivos son para el viajero los transportes públicos de la ciudad, además de los famosos autobuses de dos pisos, que ponen una nota de color a las calles, está ese metropolitano que intubado bajo la superficie, recorre a gran velocidad la inmensa urbe. De vez en cuando una gran estación casi en la superficie, permite dar un respiro a la claustrofóbica sensación que produce tanto el subterráneo como la masa que te rodea. Para los más afortunados, interminables desfiles de amplios taxis recorren las calles de la ciudad. |
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| Amplios parques con su "Speakers Corner" donde cualquiera tiene la oportunidad de decir a los demás lo que piensa, amables ardillas que acuden a comer de la mano de los paseantes, canales que surcan la ciudad, ofreciendo bellos paseos invernales, e incluso el buen humor y el optimismo que lleva a colocar una terraza al sol para un hipotético consumidor de las afamadas cervezas británicas... cuando estamos a 3º de temperatura al mediodía. |