Berlín, tarde para el pasado...

El viajero tenía una deuda pendiente. Intuir Berlín durante dos días de trabajo no fueron suficiente. Había que volver,... y aquí podemos apreciar algunas impresiones, aun así insuficientes para abarcar una ciudad tan rica en historia y experiencias como esta.

La impresión fundamental es que es demasiado tarde para apreciar muchos de los avatares que en el pasado acontecieron en esta cosmopolita ciudad, y que todavía es pronto para definir cuál será la ciudad que el futuro deparará, no ya a la Alemania unida, sino a la Europa unida, tan en construcción como la propia ciudad.

Con el antiguo esplendor retornando a Unter den Linden, encontramos siempre muestras de artes callejeros con alusiones al oso que es el símbolo de la ciudad (Baerlin). Nos encontramos una bulliciosa ciudad, con filas de ciudadanos alemanes, reencontrándose con el simbólico Reichstag (actualmente Bundestag), una densa circulación en torno al Jardín Zoológico y la Iglesia Conmemorativa, parque poblados por niños movidos, adolescentes cansinos y parejas ajenas a su entorno, y los incontables barcos que surcan los brazos del Spree y otros ríos que cruzan Berlín.

El desplazamiento por la ciudad implica la utilización de sus numerosos transportes públicos en perpetuo movimiento: tranvías, U-bahn, S-bahn, ferrocarriles regionales, autobuses de dos pisos,... la oferta es innumerable. Y a pesar de todo, unas calles repletas de automóviles obligan al viandante a prestar atención a no morir atropellado. Las aceras no son más seguras; una legión de ciclistas las recorren, antes o después de enlazar con alguno de los metros que les llevan hasta sus destinos en los alrededores.

Son incontables los parques y las zonas verdes. Los pulmones casi naturales que suponen el Tiergarten o los bosques y lagos de Wansee, así como las recoletas plazas y pequeños parques donde podemos encontrar los viejos "Café Achtek", antiguos urinarios, de los que pocos quedan en funcionamiento.

Aparte de recorrer los numerosos museos, muchos de elevadísima calidad tanto en el terreno de la pintura como de la arqueología, el viajero puede encontrarse con la Maratón que anualmente reúne a más de 40.000 participantes de toda Europa.

Evidentemente, una ciudad que no hay que perderse. Y tampoco está tan lejos... sólo 2 horas y media en avión...